Poemas de Charles Baudelaire

La Esfera que no gira más

Algunos de los poemas del libro Las Flores del Mal. 

1855.
XI
EL DE LA MALA SUERTE
(El artista ignorado.)
¡Para levantar un peso tan abrumador,
Sísifo, sería menester tu coraje!
Por más que se ponga amor en la obra,
El Arte es largo y el Tiempo es corto.
enlutado, Va, tocando marchas fúnebres.
–Más de una joya duerme amortajada
En las tinieblas y el olvido,
Muy lejos de azadones y de sondas;
Más de una flor despliega con pesar
Su perfume dulce como un secreto
En las soledades profundas.

1852.
XIV
EL HOMBRE Y EL MAR
¡Hombre libre, siempre adorarás el mar!
El mar es tu espejo; contemplas tu alma
En el desarrollo infinito de su oleaje,
Y tu espíritu no es un abismo menos amargo.
Te complaces hundiéndote en el seno de tu imagen;
La abarcas con ojos y brazos, y tu corazón
Se distrae algunas veces de…

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Rotos

Corazones Idiotas

Se me han roto las manos y las huellas,
el pecho y la mirada,
hoy se cae todo al vacío,
al olvido.

Se quiebran las palabras y las lágrimas,
se hunden en el tiempo ya escaso,
también roto,
detenido en ese segundo de horror.

Hoy se han roto las sonrisas,
la empatía, la gracia, el corazón,
hoy se ha hecho todo tan de hielo
que el frío y la rabia son todos mis besos.

iñaki navarlaz rodríguez

Cajón desastre

*Imagen de WenPhotos

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La Pequeña Habitación

pucelarte

(Raymond Carver)

Raymond Carver - La pequeña habitación

Era un buen ajuste de cuentas.
Palabras arrojadas como piedras contra las ventanas.
Ella gritaba y gritaba, como el ángel del juicio final.
Entonces apareció el sol de repente adensando
el cielo de la mañana.

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Amar, creer (poema)

Fray Martín de Porres

Amar, creer

El insecto del estío
Que en cáliz de rosa fría
Tiene un lecho de rocío,
Y una mesa de ambrosía,

Que ebrio de aroma y placer
Sobre rama de abedul,
Se mece al anochecer
Retratado en lago azul.

La brisa de puras nieves
Que da música sin nombre,
Cantando en las hojas leves
Para adormecer al hombre;

Que al crepúsculo dudoso,
Y a la noche que lo envía,
Rinde un himno de reposo,
Y otro al alba de alegría:

Las graciosas yerbecillas,
Que entre las paredes duras,
Con sus flores amarillas
Brotan en las hendiduras;

Que con mil juegos extraños,
Cayendo como festones,
Son tapices de los años
En los gruesos murallones;

El canoro ruiseñor,
De cuya garganta inquieta
Solo conoció el valor
El músico y el poeta;

Cuya voz las penas calma,
Y adormece duros celos,
Y es el éxtasis del alma
Y el lenguaje de los…

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