LA IMAGINACION

Cuando extenuado de la jornada del día

y agotado de batallar

con la desidia secular del dolor,

perdido en el laberinto de la impaciencia

tu deleitosa voz,

mi querida amiga de la soledad

me llama de nuevo

sintiéndome que no estoy solo.

El hombre, sin tu ilusión

sería un afásico

en esta vida de caos

donde las envidias,

las astucias…

los odios…

las dudas…

no son más que frías sospechas

de la razón,

dejando al escritor,

al poeta

la libertad de disfrutar

de la muda imaginación

para crear la fantasía

de un hombre con ilusión.

Lo importante, querida amiga

es que todo lo que rodea al hombre;

la inseguridad…

la inquietud…

la desesperación…

no derribe el monasterio

de tu soledad…

de nuestra soledad

donde habita el día sin noche

alimentado por el esplendor

de un sol que no conoce estación.

Sin duda alguna la razón,

esa dama segura de la realidad

replicara argumentando

que los sueños, sueños son

que perecerán, como flor marchita

 en el crepúsculo del amanecer,

la verdad es dura y desoladora

pero la fantasía

es el tímido tulipán

que florece en su desierto.

Tu querida amiga

de soledad y silencio

eres la que traes

el aroma del viento fresco

de paraísos perdidos

llenando la desidia de la vida,

susurrandole al hombre

que hay un mundo

de sueños

y alegría.

Tu querida amiga

que en las horas quietas de la noche

apareces vestida

con las mejores galas

trayendo terrenales deseos

para que el escritor

y el poeta

siembren con las letras

de sus sueños

la esperanza

allí donde la esperanza muere.

LA VIDA PASA

La vida es como un río

que fluye continuamente

en el tiempo,

dividiéndose en afluentes

que confluyen

en el océano del tiempo.

La vida pasa

como el río que nace

en las montañas,

en las colinas

del tiempo

dibujando el relieve

que los determina.

La vida pasa

en el tiempo

y mientras por ella navegamos

más breves nos parecen

las etapas de nuestra vida.

De niños, un día es eterno

y un año se nos antoja eterno,

en la juventud

donde la pasión

te roba el día

y pasa llenándote de pesar

dejándote sus caricias

en el recuerdo.

Cuando el meandro de la juventud pasa

 en unos años que parecen días,

llegan los rápidos de la madurez

aumentando las turbulencias

de las preocupaciones

convirtiéndose

en cascadas

de ansiedad.

Con el tiempo llegas

a la albufera de la madurez

donde la alegría

es una flor marchita

y su aroma parece insípido,

mas en ella germina

el arrozal de los recuerdos,

y con ellos en los meandros

navegas con atribulada tranquilidad

hasta el delta de la desembocadura

del río de tu vida,

mirando hacia atrás

antes de perderte

en el océano de la nada,

y piensas:

“porque el tiempo de la vida

no paso más lento”.