MORIR SOÑANDO

¡Morir soñando!

Puede que sí.

Mas el sueño

nunca muere.

La muerte es la puerta

que se abre al vació,

el sueño;

es vivir el presente

bajo la sombra del pasado,

desbaratando el futuro

encadenado a la apatía

aprendiendo  lo que se olvida

cuando mueres soñando.

AQUEL PRIMER ENCUENTRO

Aquella tarde del encuentro

nos miramos con recelo,

del que se yo,

en el anden

de una vieja estación

de una ciudad con historia.

 

Nos dejamos de mirar

por recato del primer beso

sutil y sin encanto,

aunque de soslayo

pintábamos nuestro retrato.

 

Comenzamos a hablar

de lo cotidiano,

mientras arrastrábamos la maleta,

como si fuese

un ayer cualquiera

de nuestras vidas dementes.

 

Tras el balbuceo cotidiano

nos miramos sin recelo

por primera vez,

un instante efímero

que parecía una eternidad.

 

entrecerrados los ojos

atrapando las lagrimas

que ascendían del corazón

pues llorar no queríamos

de rabia y emoción,

y de felicidad no sabíamos.

 

Deseaba coger tu mano

para sentir tu calor

para que sintieras mi brisa

pero las manos me temblaban

como los tallos del arrozal

de tu albufera.

 

Tú no dejabas de hablar

escondiendo la locura

del encuentro

que acababa de comenzar

y que no sabíamos

como iba a finalizar.

 

Nos olvidamos del pasado

viviendo el presente

del momento,

encerrando el tiempo en la habitación

mirándonos sin miedo

dejando hablar al corazón.

 

Cabalgamos toda la noche

por el bosque de nuestra locura

y en el amanecer del nuevo día

juntos navegamos con el tiempo

en el océano de nuestras vidas

recordando el encuentro en la estación.