EL ESCRITOR

Sentado en su escritorio

el escritor contempla

la hoja blanca que le mira

con su pureza de virgen doncella.

 

El escritor no se decide, duda

en romper su inocente virginidad,

es consciente que el debe ser

quien en su vientre ponga

la semilla de su hijo, el libro,

que cuando germine

en el regazo de las palabras

volara llevando su historia

y su nombre.

 

En su mente

las palabras adecuadas

danzan desordenadas

esperando ser atrapadas.

 

El escritor teme

que la primera que atrape

con la daga de su pluma

no sea la apropiada,

por eso consulta

con el conde de la duda

cual será la primera

que deshonre la blanca hoja

pues ella marcara la historia

de su hijo de papel

y palabras sin mesura.

 

En su mente de escritor

la historia tiene forma,

color, música

y vida sin vida.

 

En un instante

del tiempo que camina

siente los latidos de su corazón,

sabe que se acerca la hora

de aliviar su angustia

de crear una vida

que no es la suya

pero lleva sus sentimientos,

que unos manosearan

como a una puta,

otros la acariciaran

como a una doncella,

y los mas ni se fijaran

si es puta o doncella.

 

El escritor

cuando decide rasgar

la pureza de la hoja blanca

lo hace convencido

en el poder de las palabras.

 

Qué triste

es la soledad del escritor

donde la angustia es su compañera

y la duda su infierno.