EN EL TIEMPO QUE ESCRIBO

En el tiempo que escribo poesía

soy un alma desnuda

que camina sola

en la senda del estro

con la mochila henchida

de palabras dispersas.

 

Cuando escribo versos

soy como el viento

que vaga inquieto

bramo como el mar

grito como un volcán

y duermo en la isla de un sueño.

 

En el tiempo que escribo poesía

soy como un Dios pagano

que no conoce descanso, ni derrota

pues mis estrofas

son el rayo que no cesa

el tridente de fuego.

 

Cuando escribo versos

dejo que mi alma vuele

libre y sin horizontes

mientras mi corazón palpita

sangre ardiente

con que regar mi alma.

 

En el tiempo que escribo poesía

le digo a la primavera

que se esté quieta

al verano que no corra

al otoño que llueva

y al invierno que duerma.

 

Cuando escribo versos

en primavera

los rosales son arco iris

la fragancia de sus capullos

son llantos de mis versos

lagrimas del alma.

 

Cuando escribo versos

en verano

las estrofas son mariposas

que se escurren entre mis dedos

componiendo sextetos

rimas y sonetos.

 

Cuando escribo versos

en otoño y en invierno

la perenne tristeza me embriaga

y la verdad del engaño,

el engaño de la verdad

surge en mis versos inquietos.

 

En el tiempo que escribo poesía

la tristeza de mi alma

clama sentimientos

opuestos y sinceros

que mis versos envuelven

en una sonrisa difuminada.

 

En el tiempo que escribo poesía

siembro palabras

en los campos de barbecho

de la memoria de otros,

sin renglones, ni distancias,

con el arado de cincel de mi pluma.

 

Cuando escribo versos

las palabras son Bautas

en el Zendale del tiempo

donde se cobijan los miedos

del que nada sabe y solo ve

la sombra de lo que se niega.

 

En el tiempo que escribo poesía

solo soy un noble ingenuo sincero

que con el suspiro de sus estrofas

se ruega perdón

sin perder, a poder ser,

la elegancia de un poema franco.

Cuando escribo versos

es un carnaval de sentimientos

que fluyen libres

en ese instante imperfecto

donde las mascaras

son el reflejo de los egos.

 

En el tiempo que escribo poesía

vago, corro, salto,

y giro sin cesar en la noria

de las palabras de mis versos

como un fantasma sobre ellos

sintiendo las caricias de su espíritu.

 

Cuando escribo versos

en el tiempo de la poesía, libre,

soy un egoísta que delira

sin el miedo del qué dirán,

solo aspiro a que mis versos

muestren lo que son,

cuando el trance me reclame.

EN LA PENUMBRA DE LA NOCHE

En la penumbra de la noche

dos hombres, dos mujeres

una mujer y un hombre,

como Lores de la libertad,

su silueta desnuda exhiben

en el ángelus del anochecer

cara a cara,

frente a frente.

Con sus manos dibujan sus sombras

mientras la impaciencia,

desbocada,

suspira.

En su mente

poemas de amor

se escriben sin renglones

ni palabras.

En la penumbra de la noche

en que el sol se esconde

y la luna se divierte,

dos cuerpos desnudos

esposados por sus labios

llenan su memoria

del recuerdo de ese instante

en que las yemas de sus dedos

acarician sus sombras.

Las palabras son susurros

que se transforman

en dulces quejidos

con encanto.

Los cuerpos trazan

en el lienzo del tiempo

el embrujo de sus filigranas

donde el corazón no descansa.

En la penumbra de la noche

dos cuerpos desnudos,

sin condiciones ni perjuicios,

dan rienda suelta a su pasión

llenando su deshabitada alma

de la impudicia de su vergüenza

empapelando sus sentimientos,

el deseo se vuelve intenso

abriéndose para que su sombra

penetre con clamor en el otro

hasta que la penumbra se transforme

en la iluminada oscuridad

de un sueño.