COMO UN INTRUSO

Aquella noche sollozante

que como un intruso

me cole en tu habitación

y con mi llave abrí

por primera vez

tu cofre de oro.

Aquella noche sollozante

tus ojos esmeralda brillaron

en el reflejo de la luna

mientras bebías

el vino joven del amor

de la copa de mis labios

y mis manos perseguían

las filigranas de tu sombra.

Aquella noche sollozante

de gemidos de pasión

de deseos encontrados, de dos,

tu descaro me encanto

y adore la locura

de ese instante.

Aquella noche sollozante

que como un intruso

en tu habitación me cole,

ya paso,

y en mi sombra llevo

el aroma de aquella noche.

EL DISCURSO DEL SILENCIO

En ese lugar para contemplar,

donde escenificamos

los ditirambos del destino,

que es el teatro griego de nuestra vida,

donde vive y ama

el fantasma del silencio,

te enfrentas al reflejo

de tu propio yo

prestando atención al discurso

  del fantasma del silencio.

Cuando nos invade la calma yerta

animando la inmovilidad

y en nuestra alma

no hay inquietud ni ansiedad,

y solo queremos escuchar una voz

para renovar lo que quiero

sin importar lo que veo.

 

Entonces surge

en el frío escenario

del teatro griego de nuestra vida

el fantasma del silencio

evocando

la ceremonia dramática

de un monólogo sin voz

con palabras mudas

dirigido al único espectador de la platea

que eres tú.

Un sombrío frío te invade

al escuchar las palabras

de un discurso plano

libre de sentimientos,

y las palabras vacías

se sienten

como dagas ardientes,

tatuando el silencio en la mente.

El mensaje

que dejan las sombras

de las palabras

del fantasma del silencio

arrastradas por el viento

alimentan la ternura

que llevas dentro

volviendo a ser por un momento

quien eres

en el teatro griego de la vida.

 

EL DESPERTAR DE LOS SUEÑOS

Rostros recortados

en las sombras del ayer

ondulan a la deriva

en la neblina del despertar

sus murmullos son voces lejanas

que muestran la bruma del amanecer

sus esfuerzos son vanos por ser escuchados

pues son el rostro de un pasado luminoso

y tenebroso a la vez.

Como las olas del mar que besa mis pies

algún poder misterioso los empuja

al caos de este mundo

de deseo y dolor,

y en la playa de nuestra isla

las olas baten sus cuerpos mortecinos

para que los busquemos con tristeza

las huellas del adiós

en la blanca espuma del sueño.

De repente nos giramos

y con alegría

saludamos al nuevo amanecer.

Cuando la potestad de la memoria se impone

nuestro corazón se inclina

y llora su desventura

ante las tímidas formas

de los diáfanos instantes

de antiguos días.

Tiernos susurros fluyen

y añoradas miradas de un soñador

iluminan el recuerdo del instante

que por un momento se olvida

que ya se ha ido

en el amanecer de los días.

En el crepúsculo del alba

los rostros recortados

de las sombras del ayer

se pierden en la luminosidad del día

dejándonos el amargo sabor de la evocación,

amándolos en la soledad de nuestro silencio

mientras los traviesos rayos del sol

del novedoso día

nuevas formas dibujan.

Pero en la oscuridad de la noche,

que vuelve cuando el sol se oculta

los sueños nos traen de nuevo

las sombras del ayer

que son los inquilinos del pasado

de nuestra memoria.

EN LA NOCHE OSCURA

En la noche oscura

cabalgo a lomos

del blanco corcel de mis sueños

y la bruma nocturna me sorprende

mientras la luna me mira tras la espesura.

El blanco corcel, inquieto se mueve,

extrañaba la noche

como el jinete extraña al día

como el poeta extraña los versos

de su poesía.

Al jinete le aterra la oscura soledad

al poeta el silencio de sus palabras,

por eso los dos, jinete y poeta

que son uno, aguijonan al negro corcel

hacia el claro que la luna les muestra.

Uno anhela el refugio de su casa

el otro, el refugio de sus letras,

el fatigado corcel, su trote acelera

hacia el destino

del jinete y del poeta.

En la noche oscura

el jinete y el poeta

los versos de su vida

buscan inquietos

en la bruma de la noche oscura.

DÍMELO OTRA VEZ

Dímelo otra vez

aunque sea cansino

que el dualismo de esa palabra

me reconforta y me hace soñar.

Esa palabra tuya

que deja eco en el viento

y en mi tiempo,

dime esa palabra de dos

que en tus labios acunas,

que en tu voz de mezzosoprano

aleluyas deja en mi recuerdo

y sinfonía es del corazón.

Dime que me quieres,

otra vez mas

y no olvides

que en las sombras

tu voz me saluda,

amada mia,

sin ella,

la duda incierta

es angustia.

Dime que me quieres

una vez, y otra, y otra, y otra

pues el exceso

me conforta

y la angustia ahoga.

Dime que me quieres

amada mia

y piensa que yo

con el alma te quiero

en silencio.

NUNCA ES TARDE

Nunca es tarde

pues el tiempo no es cero,

ni uno, ni dos, ni tres…

es el infinito

que termina en cero,

pero en el tiempo

siempre hay un primero

donde lamer las heridas

y empezar de nuevo

en el tiempo de tú tiempo.

Nunca es tarde

para encontrarte

en el reflejo de tu sombra.

Nunca es tarde

para reírse abiertamente

de tus miedos.

Nunca es tarde

para llorar sinceramente

por errores cometidos.

Nunca es tarde

para luchar por tu sueño

con toda tú alma,

porque nunca vencerás

si a esa batalla no vas,

la derrota por apartarse

es una opción que tu sueño se pueda permitir,

es posible que te equivoques y tropieces

si es así, no seas necio sigue en la batalla

pues los sueños pueden cumplirse.

Nunca es tarde

para recordar

las equivocaciones.

Nunca es tarde

para hablar

de lo que sientes.

Nunca es tarde

para perdonar

al pasado.

Nunca es tarde

para cambiar

la soledad por compañía,

la tristeza por alegría,

para mirar de frente

sin miedo al que dirán,

para aprender del fracaso

pues en la decepción esta la experiencia,

ese estilete que te ayuda

en la batalla de tu sueño.

Nunca es tarde

para escuchar

a tu silencio.

Nunca es tarde

para olvidar

un recuerdo.

Nunca es tarde

para volver

al principio del tiempo

Nunca es tarde

para empezar de nuevo

lo que dejaste

en la noche de los recuerdos

en el bosque del olvido

para embriagarse

con el vino que no ibas a beber

pues el vino viejo

tiene cuerpo y presencia

en el tiempo sin tiempo.

 

TIEMPO, AMOR, MUERTE

EL TIEMPO

Es una ilusión

estimada-mente persistente

que se pinta de colores:

Blanco

Rojo

Azul

Verde

Negro;

pero el color no importa

porque el tiempo vuela,

el tiempo corre y no se detiene

aunque algunos dicen que le sobra

y a otros le falta,

pero a todos nos escasea

tiempo para decir lo que sientes,

ya que el tiempo decide

la vida, el amor y la muerte.

AMOR

Es el tejido de la vida

con el que caminas

por la senda del destino;

el amor es eterno,

el amor es constante,

el amor es ese compañero

que te mira y te sonríe

es el que te reprocha

y te dice un te quiero

sin pedir nada a cambio,

el amor es la llama que nunca muere

el amor es la vela que ilumina tú oscuridad

el amor se siente

en la caricia de un niño

en la mirada de un enamorado de la vida

el amor perdura en el tiempo

y en la muerte.

MUERTE

Es la que confiere valor a la vida

El tiempo, el amor y la muerte

es el triangulo equilátero del destino,

la muerte permanece

en el recuerdo de la vida

y en el dolor del amor,

aunque el amor se marchite

y la vida se mitigue

la muerte siempre está presente,

la muerte es esa extraña

que entra por tu puerta

sin invitación

acomodándose en tu cama

apoderándose de tus sueños,

la muerte esa extraña sombra

es la hermana gemela de la vida

una es la luz que ilumina

la otra la oscuridad de la nada,

la muerte péndula en el tiempo

dejando al amor herido.

CUANDO SEAS UNA ANCIANA

Cuando seas una anciana cansada

sin edad que recordar

y tu melena rubia, refugio de veranos pasados,

se haya vuelto blanca añil

y en el atardecer caluroso

de un verano de agosto sentada en tu tumbona,

cabecearas lentamente

mientras lees unos versos de un poeta soñador

con tú suave mirada, que un día tuvieron tus ojos;

que el poeta adoraba en los instantes de alegría,

y que amaba en los instantes de dolor;

ese dolor, que inesperadamente

en tu rostro cambiante aparecía

llenando de pesar los instantes del día.

Cuando seas una anciana cansada

sin edad que recordar

porque tienes la que sientes

y leas los versos del poeta que te amo,

murmuraras entre estrofa y estrofa

las nostalgias de otro tiempo

en que tus manos perseguían

las caricias de la vida

en las tardes de viento,

en las mañanas de besos inesperados

y también en las noches

de lagrimas derramadas.

Cuando seas una anciana cansada

y leas poemas del poeta que te amo,

aunque tú pienses que no

porque sus besos eran gotas

sus caricias pocas

sus palabras de amor las justas

y sus miradas perdidas

en un rincón del ayer

en una esquina del mañana.

Esos eran tus reproches

aunque la realidad era otra

pues tú eras su gran amor,

la musa de su vida

te miraba de soslayo

de frente y de perfil;

aunque tú no te dabas cuenta,

por las noches te arropaba

y tu sueño vigilaba,

por la mañana con su mirada te besaba

y tú dolor en silencio lo llevaba

su amor era mudo, porque era profundo

su amor era tácito, por eso hablaba poco

porque te amaba demasiado

y no sabía cómo expresarlo

por eso escribía versos

del amor que llevaba.

Cuando seas una anciana cansada

sin edad que recordar

porque tienes la que sientes

y leas los versos del poeta que te amo,

sabrás el amor que te procesaba

y entre estrofa y estrofa

una lagrima derramaras de felicidad

al saber que nunca nadie te amo

como el poeta soñador.

La muerte y los pies desnudos – Los diecisiete pasos y la profecía de la muerte.

Gocho Versolari, Obra Poética

 Los diecisiete pasos y la profecía de la muerte

 Gocho Versolari

 Marcela ha recibido de la profetisa Sandra, quien representa a la muerte, la orden de que nunca debía quitarse los zapatos. Si alguna vez llegaba a caminar descalza, fallecería sin remedio. Por un accidente, Marcela camina descalza diecisiete pasos, de la cama al baño. ¿Qué ocurrirá? ¿Bastará esta inocente marcha para matarla? En caso afirmativo, ¿será una muerte súbita o demorada?. En una sociedad centrada en el cerebro y en sus logros, olvidamos los pies, sin saber que en ellos está nuestro destino.

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Las ocho horas que Sandra permaneciera en la casa, nos parecieron poco más de diez minutos. Al repasar lo ocurrido, mis recuerdos iban del ritual que la profetisa intentaba cumplir, a la extraña ensoñación en la que me veía llamando a gritos a Marcela; implorando a alguien que no recordaba, pero que no era Sandra…

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¿DONDE ESTÁ EL POETA?

¿Dónde está el poeta?

Le pregunto a la luna

esta sonríe…

y en silencio se va.

¿Dónde está el poeta?

que al amanecer

sus versos deja en mi almohada,

es aquel que camina

solitario y cabizbajo

meditando el tiempo,

o es aquel otro…

que corre sobre el viento

persiguiendo mariposas de papel.

¿Dónde está el poeta?

dímelo tú

musa del pensamiento

que quiero conocerlo

para que escriba un verso

para este corazón herido

que necesita el ungüento

de sus rimas…

la morfina de sus estrofas.

¿Dónde está el poeta?

que quiero leer

el silencio de sus letras,

escuchar las saetas de sus rimas

en silencio…

sin derrota ni gloria.