MISERA TARDE CON SOLEDAD

Hay momentos en la vida

que una mística voz

tierna y alada

reclama tu atención

y que a tu corazón atribula.

De ella huimos

al escuchar su nombre

pues Soledad se llama

y siempre acompañada va

de su caballero el Silencio.

Su voz es un misterio sinfín

que a tu curiosidad atrapa

invitándola a un festín

en su palacio de cristal

enfundada en su traje vaporizado.

En su majestuoso carruaje

de cirro con su celaje sobre la cabeza

te pasea por su jardín de hortensias y jazmín

elevándote el espíritu

encogiendo el alma.

Cuando su paseo termina

y el festín acaba

en el suelo te deja

triste y a acongojado

con su recuerdo en la memoria.

Al mirarte en el espejo del alma

el reflejo de tu rostro ves

y el pálido bosquejo que deduce

te agita, te incomoda

y al mundo estremece.

Tras el paseo con Soledad,

en su carruaje de cirro,

y verte de nuevo frente a la realidad

viendo las flores florecer y el trinar de los pájaros

comprendes que el hombre está hecho de muerte y esperanza.

Vuelve el día, la noche

la luz, la armonía y la oscuridad

la calle y la ciudad, los arboles el aire

su himno de alegría y tristeza componen

que en el remanso del río escuchas con devoción.

Vuelve la paz a tu conturbado corazón

se apaga el volcán de tus pasiones

y su lava deja oscura senda,

y el alma duermes en el blanco pecho

de esa joven mujer que es la ilusión.

Sí; plácidamente duermes

porque el eco de nuestra voz responde,

en la bóveda de tu mente

de las quejas y plegarias

de tu pesar.

¡Oh! Porque la inspiración

de ese momento, de ese instante

que abraza la cabeza del pensamiento

triste y abatido

rueda por el fango de la desidia.

¿Por qué buscas en la amargura

asilo y esperanza?

¿Por qué corres a ocultarte

en el bosque de la compasión,

como un lobo herido?

¿Por qué?

Si eres dueño de tu destino, señor de tu vida

¿Por qué?

Escuchas esa voz que devora tu vanidad

dejándote vacío.

Quizás por pedantería

Quizás por soberbia

Quizás por bambolla

o quizás solo sea por escuchar

la voz consoladora de tu mente.

En el destierro que nos auto-infligimos

al templo de la melancolía

en compañía de soledad y silencio

buscando parábolas imposibles,

si solo encontramos tristeza.

¿Cómo explicar el llanto

de amargura y quebranto

que tu alma agita?…

Quizás con la brisa de la calma

Quizás con la sonrisa del alma.

Nuestro corazón es un abismo

y obstruir con el bosque del olvido,

no es más que un delirio,

pues el hombre es su propio verdugo

y con la mentira sufre un martirio.

Busquemos la paz en el tranquilo océano

Pidámosela a la luna o a las estrellas

Busquémosla en las ruinas y lugares

de nuestra maltrecha vida

que nos recuerden el tiempo y la nada.