EL VALLE DEL DESEO

Hace tiempo que en el valle del deseo,

ese valle de sonrisa callada

y silencio permanente,

donde en la noche

la luna desnuda se pasea

bajo la luz de la estrellas,

y por el día

el sol dormita

tumbado en su verde pradera.

 

En ese valle un árbol broto

de nombre Inquietud,

durante años lleno de ansiedad creció

zarandeado por el viento que se alzaba

sobre la perenne soledad del alma

que suspira por la magia

del valle del deseo.

 

Al principio solo eran

finas ramas cimbreantes

que el tiempo las curtió

convirtiéndolas en ramas que se agitan

que palpitan como las olas del mar

entorno a esa pasión salvaje

de ese secretó anhelo.

 

Ese árbol creció

esbelto y curtido

con sus ramas inclinadas

llorando de ilusión

en el valle del deseo

ese secreto que el alma amamantó

y el corazón acarició

creando desasosiego.

 

Ese árbol cuya fruta es la duda,

amarga de sabor

pero cuando madura

te llena de satisfacción

haciendo que el manto de nubes

que surcaron sin respiro,

durante  tiempo, el cielo esquivo

de ese valle del deseo

se convierten en gotas de roció

que son lagrimas de inquietud.

 

Nada se detiene

en el valle del deseo

un solo instante…

si tú no quieres…

nada salvo el viento del tiempo

que se cierne

sobre la mágica y perenne

soledad de tu alma

donde crece

el árbol de la inquietud.

EL ADIÓS DEL ATARDECER

Esa parte del día

en que sus posos deposita

y la luz se marchita, espera,

a la enlutada doncella, la noche,

donde la luna acecha

para escuchar sus pesares.

El atardecer del sol se despide

triste y dolido

con un quizás hasta mañana

que nunca llega

llevando su desdicha

a la enlutada doncella, la noche,

que ya ella se acicala

ante el espejo del mar

que con sus contoneos

su figura alarga en el horizonte

de un destino anticipado

donde el día muere

con su pena y desdicha,

dejándonos el adiós del atardecer

en el jardín de la preterición.

EL INDIGENTE

Sentado en la fría acera
mira y no ve
el mundo de colores
que no es suyo
sonriendo a la nada.

Duerme en el portal de un banco,
ese que un día todo le quito sin decir porque
y nada le da sin explicación.
Soñando en ese mundo que un día recorrió.
En el hogar que perdió y que no olvida,
en la comida que sobraba
en el pan que ahora no llega
en las alegrías del corazón
en los males que dejaron en su alma
en los dolores del cuerpo
de una vida que no es vida.

La ciudad es trajín, bullicio
prisas, risas, llantos
alegrías, desencantos
y preocupaciones también
pero nada de eso es para él.
En el arco iris de la ciudad
él es el blanco que nadie ve
es el gris que aborrece
es la oscuridad que nadie quiere
y que la conciencia de la ciudad olvida.

El indigente
solo tiene un sueño,
un sueño que no llega
pues en el olvido
de la ciudad se perdió.

EL ABUELO

El abuelo camina

tímido e inseguro

sumido en los recuerdos del ayer

ajeno a lo que revolotea a su derredor,

ensimismado en su yo

repasando el pasado que vivió,

ya ni soñar quiere.

pues el soñar le hace daño

su destino escrito

y deambulado en el

ya solo espera el final,

ya los reveses le importan

ya los desengaños

le hacen daño.

SIRENAS

Criaturas difusas de la imaginación

que con su voz musical,

atractiva e hipnótica te embruja

que a dioses arrastran

y a hombres condenan

a perder la razón.

Con la Flauta, la Lira y su voz

cuenta la leyenda

que a Ulises una noche

quisieron encantar

mas él con argucias

las rechazo.

Deidades ctónicas de otra vida

que compiten con las musas

en el Teatro anglosajón

en el Coliseo romano

en le Partenón griego

por la inspiración.

Habitan en una isla rica en flores

donde aguardan en solitario,

en un prado floreado

la espera del velero

del poeta soñador

del escritor solitario.

Las sirenas son hijas de la inspiración

en ese mar inmenso de la realidad que parece

mas solo es el reflejo invertido de un sueño

donde habitan esas criaturas divinas

de largos cabellos ondulados, como las olas del mar

con cara de luna y perfectos senos redondos y duros.

Sus extremidades son un pez

que se mueven a derecha e izquierda

con la delicadeza de una mujer

con dulce voz y sonrisa encantadora

su abrumadora belleza te sorprende

su mirada conquista y arrebata.

Cuando la realidad vuelve

y en el sueño

la sirena se desvanece

convirtiéndose en espuma de mar

que a tus pies adormece.

Las Sirenas en realidad no existen

sin embargo en nuestros sueños están

tal vez por pedantería

en nuestra imaginación las creamos

para matar nuestra desolación

escuchando el salmo de su voz.

DÍAS

Me extravío en días,

con palabras alborotadas,

silencios del paisaje, solemne,

de los pasos perdidos.

Asomado a tu cuerpo

recojo señales sinuosas

de días grises venideros

de tristezas olvidadas.

Pulso las imágenes del recuerdo

derrumbando ilusiones, deseos

en amortajadas vísceras

que roen las horas del día.

El tósigo de las dudas fuera de sitio,

corriendo alocadamente entre

del bullicio de las gentes,

de las luces del bulevar,

de diseño.

Muertes programadas

por bancos, políticos

salud derretida

en cápsulas de inodoro.

Duchas de burocracia

invitando

al desasosiego

al vómito perpetuo.

Condena del tropiezo

del error y de la mentira

que sugieren el apremio,

de seguir vivo.

Oculto entre ruidos,

las sombras del vacío

disgrego el día de la noche

en vocablos de palabras pletóricas.

Sudores inhabitados,

transgrediendo el tiempo

de horas anónimas,

donde vivir, el mañana.

Despierta

al desorden ciudadano

al caos del día a día

a la anarquía de tu vida.

Diques de aliento

donde reina el tiempo,

y la carne vive,

deseando un poema.

Nacido en grutas olvidadas,

disperso en multitud de rostros

encuentro su acento,

perforando silencios.

En el centro del asfalto,

rueda el olor del desconcierto

como rueda la rueda de un molino

sin trigo ni alimento.

Entre desconocidos

semejantes a sombras inquietas,

caminando sobre sendas movedizas

alejan el correr de los días.

El tiempo no define

lo que no sucede,

el tiempo no define

solo en él se escribe

A mis ojos, somos,

aquellos de la brisa

que alimenta el canto

del tiempo de los días.

SOÑANDO

Soñar  y  no  despertar

Despertar  y  no  soñar.

Levantarse

Descubrir tu mensaje sobre la nevera.

Beber café amargo

Desayunar solo.

 

Vivir, soñando, vivir…

Soñando…

Para tener tu imagen

Para guardar tú taza

Para mirar tú retrato

Para notar tu aroma

Para seguirte con la mirada

Para acariciar tu piel

Para humedecer tu rostro con mis labios

Al besar tu rostro de mujer enamorada

Soñando.

LA MUSA DE MIS POEMAS (Acrostico)

La dicha tengo de alimentarme con la mirada de mi musa

Algún día mis poemas recordaran nuestros nombres

 

Más cuando ocurra acógelos en tu pecho, pues son el sentir de la inspiración

Un suspiro de nostalgia puede que arranquen de tu corazón

Son silencios de amor por lo amado con pasión

Amar a alguien se siente y te inspira

Días de besos, abrazos y caricias, donde

Esos momentos de tristeza y amargura se olvidan

 

Mis poemas son hijos de mi mente soñadora

Ilusiones traen a los fecundos crepúsculos del atardecer

Sin fin ni demora

 

Palabras vehementes las de mis poemas, que a ti musa te pertenecen

Oda del amor que te mereces

Esculpo en los versos mis luchas, mis empeños y mis sentimientos

Maraña de palabras que intento ordenar

Abrazando la inspiración que tú me dejas

Soy el caballero andante, que lucha con la estrofa, la rima, de su amante.

MIS VERSOS

 

 

Mudas palabras, que gritos son,

del sentir de una vida

que solo pretenden ser

recuerdos en el alma de otros,

que como agua cristalina que corre

por los meandros de un río seco

hacia el oasis

del destino del olvido.

Mis versos con brío golpean

las vidrieras góticas

de la galería de sentimientos,

como lluvia torrencial de abril.

Mis versos no ilustran,

ni reconocer gloria pretenden,

solo enseñan

las lagrimas de un poeta,

lagrimas estampadas

en un folio en blanco,

con rabia y fuerza,

que se deslizan por la ladera

de la pluma del sentir,

empeñándose en el silencio

de la modestia de sus palabras

que son sombras invisibles

de su perenne sigilo.

En esa plaza cerrada

que es la poesía,

donde se registran la ausencias

mirando el horizonte del mañana,

mis versos saltan al ruedo

para torear el silencio,

y cuando la faena termina

regresan al burladero de la soledad

con el capote encogido y vacío.

 

LAS PALABRAS SE DESLIZAN EN EL VIENTO

Esas sensaciones que desbordan

cantos y anhelos,

que subyugan almas inquietas,

corazones que aman,

escuchando el silbido

de las palabras que se deslizan en el viento

dejándonos sentimientos.

¡Sí, las palabras!

pues ellas entienden de libertad

porque son libres

atadas no están,

cantan y cuentan

secretos sin anunciar,

y a veces mudas permanecen.

Las palabras suben y bajan,

ensucian y lavan,

inventan y mienten verdad,

y ante ellas el escritor, el poeta

se sienta en el silencio a atraparlas

convirtiéndolas en lazarillos

de sus historias de sus versos.

Las palabras se aman,

se odian, se persiguen,

se muerden, se utilizan,

se tiran al vacío y se derriban

cuando producen dolor

y con ellas se baila

cuando alegran el corazón.

Son el estilete de la estupidez

el florín de la elegancia

la daga que hiere

la cimitarra que rasga

la catana que corta

la espada de la razón

la flecha del amor

el escudo de la ignorancia

la lanza de la verdad

el dardo de la mentira

el puñal que mata

y la “misericordia” remata.

Las palabras inesperadas

son las más celebradas

porque ellas saben esperar

acechando el momento oportuno

para dejarse ver,

pues ellas te abren el portón

de una nueva dimensión.

El escritor las palabras escucha

para componer la prosa

de la historia de su imaginación

creando la oración

de unas vidas de ficción

con ese poder que no es poder

que le dan al escribir.

El poeta al vuelo las atrapa

acariciándola dulcemente,

como si de un bebe se tratase,

las mima, la engalana

con su pie, su estrofa y su rima

creando versos de la nada

para sentarlos a la mesa del poema.

Un mundo es el de las palabras

pues vibran, ronronean, corren y te atrapan

ya que todo está en la palabra,

se disfrazan, se esconden la mascara

de la verdad, o de la mentira,

de la realidad, o de la irrealidad

siempre dicen lo que piensan, lo que sueñan.

En el vació de la nada

nace una idea llena de palabras

y una solo todo lo puede cambiar

todo depende donde la sitúes

arriba, abajo, delante o detrás,

teniendo a los signos

como remanso de descanso,

depende de la preposición del adjetivo, del adverbio,

que palabras son,

y por supuesto del verbo

que es el rey o la reina de la oración

dependiendo si es masculino o femenino

que lo define el maestro de ceremonias

que el articulo es el señor.

Las palabras bocetan, dibujan

las sombras del sentir

que puede ser transparente u opaco

le dan forma y cuerpo,

sonido y color,

dependiendo de la representación,

golpeando el corazón.

El sentir vive encerrado

en el monasterio de la mente

componiendo la partitura de su sinfonía

y cuando esta sale, el poeta

abre la puerta de su celda

saliendo las palabras

para vestir el sentimiento.

Las palabras se deslizan en el viento,

son esa lluvia que no moja pero se siente,

te empapa, te seca y te arropa

las odias o las amas

las quieres y las maltratas

son la diferencia

entre existir y la nada.

Ellas abrazan, besan y muerden,

aunque el abrazo ahogue el pasado,

el beso muerda el presente,

ellas solo miran el futuro.

EPILOGO

La tristeza es ahora quien recala

en mi alma cansada,

de ella sale a borbotones

la melancolía, la aflicción, el desencanto.

 

El murmullo acumula tanto quebranto

que los sentimientos

deambulan perdidos

en el valle del olvido.

 

El pesar corre bajo mis pies

imponiendo entre sus raíces

un confín de vocablos en duelo,

que réquiem son de un pasado.

 

Ya en mi corazón flotan los recuerdos,

pesadilla  de un adiós,

se abre a un desencanto

cubriendo de grises nubes mi cabeza.

 

Sentimiento encumbrado,

desconfiado, apesadumbrado

y solitario, de una vida perdida

en el laberinto del día a día.

 

Desnudez de mi enajenación

fulgurando la noche en día,

la amargura cautiva los epílogos

de esta vida que llega a su fin.