LA SOLEDAD DEL ASESINO

Eran las ocho de la tarde y la oscuridad de la noche de otoño ya se había instalado en las sombras de la ciudad. Ricardo estaba tumbado en su cama desordenada mirando el desconchado techo de su habitación, con la televisión encendida, no presta atención a lo que en ella se dice, su mente está en otro lugar, en lo que sucedió en un instante de la noche anterior, quizás empujado por la reacción de la raya de coca que se había metido en la mañana, los porros y el alcohol de un día lleno de desconciertos y frustraciones.

Ricardo no es una mala persona, o al menos eso es lo que él piensa de sí mismo, solo es el gargajo de un padre estúpido y borracho, y de una madre consentida y resignada de la vida que le había tocado vivir, y él solo es ese gargajo arrojado al mundo.

Su madre había muerto hacía varios años, cuando el solo tenía quince años y su padre seguía siendo un estúpido borracho, y él había crecido en ese mundo en que todo le da igual, con tal de conseguir lo que quiere, de la forma que sea y como sea, y eso es lo que había hecho en los últimos quince años.

A esa hora en que la noche cerrada empieza a colarse entre los sucios cristales de la ventana, Ricardo desahoga sus dudas con la sombra de su propio yo, que caminaba habido entre la nebulosa de su mente, contándole sus angustias, sus perplejidades, sus temores, sus ambiciones de joven trasladándolo a una ilusión…

CONTINUARA

GRITAR

Grita la calle indignación

gritos de dolor

sentimientos son

de desazón,

de abandono

y presunción de la razón,

pues la sin razón no grita

solo se aplica

queriendo tener razón.

Grita la calle indignación

a unos políticos

que viven recogidos

en su absurda decisión

de no escuchar la desazón

de la calle

que grita su dolor.

QUISIERA

Quisiera ser gaviota

para volar sobre tus sueños.

Quisiera ser paloma

para llevarme tus besos.

Quisiera ser agua cristalina

para lavar tu rostro.

Quisiera ser la sabana de tu cama

que en las noches tu desnudo cuerpo cubre.

Quisiera ser velero

para surcar los pliegues de tu piel.

Quisiera ser el susurro de tu silencio

y solo soy esa duda permanente.