LA DAMA DE LA NOCHE

Esta noche la miro a ella

pálida y reflexiva,

y le cuento mis recuerdos

que no son más que esos versos olvidados

que nunca escribí,

melodía de la sin razón.

Esta noche la miro a ella

ambigua y confusa,

y le cuento mis temores

mis miedos sin alivio

mis obsesivas manías

y mis penas suplicantes.

Esta noche la miro a ella

sigilosa y callada,

y le cuento mis indecisiones

de los caminos que tome

de besos banales que di

de las caricias sin emoción ni sentir.

Esta noche la miro a ella

misteriosa señora,

y le cuento mis silencios

de las ilusiones y emociones que negué

escondiéndolas tras una mirada apagada

y una embustera sonrisa.

Esta noche la miro a ella

pensativa y turbada,

y le cuento mi dolor

de la nostalgia de uno sueños

perdidos en la llanura del deseo,

quemados en la hoguera del orgullo.

Esta noche la miro a ella

desvelada e inquieta,

y le pregunto por esta tristeza

que esta noche

fatiga acarrea

y congola me deja.

Ella, la dama de la noche,

la luna,

me contesta:

no hay pesar sin jubilo

pues la vida no se disfruta

sin llanto y alegría,

porque para ser feliz

ya que la lucha en el dolor

muestra la felicidad

de buscar esa pasión

qué sentido de a nuestra vida.