VIERNES SANTO

Ya los tambores

anuncian el desperta

en este viernes santo,

que no es un viernes cualquiera.

 

Ya el amanecer

humedece las vidrieras

de la catedral,

con los destellos del sol

y el orvalló de la noche,

inundando de color

el altar mayor

y la penumbra se arrastra

en la nave principal.

 

Ya los pasos

preparados están,

como los penitentes

para limpiar sus pecados

y mostrar su arrepentimiento.

 

Ya las trompetas

resuenan en la plaza mayor

anunciando el encuentro

entre madre e hijo

que portados son

ante el pecador

que arrepentimiento

solicita.

 

Ya la pasión se siente.

Ya el fervor se palpa.

Ya el recogimiento

se dibuja en la Plaza Mayor.

 

Ya los tambores,

las trompetas,

resuenan en la ciudad,

y a las tres de la tarde

el cornetín anunciara

la muerte del señor.

Ya los pasos se levantan.

Ya los cofrades, a hombros

llevan los pasos

de la vida del señor

recorriendo las calles

con su lento caminar.

Ya la ciudad

huele a incienso,

cirio,

y  pasión.

 

Ya cae la noche

los pasos se retiran,

los penitentes

su aflicción guardan,

las trompetas lloran,

los tambores re-piquean

el adiós

de un Viernes Santo

de un viernes de pasión.