POEMA INACABADO DE COMO PASA EL TIEMPO

Una historia quiero contar

no una historia cualquiera

ni una historia corriente,

aunque corriente es la misma

pues la mía es,

y en verso voy a hacer

no en prosa,

porque la prosa es lenta e intimista

y el verso sentimiento es,

y esta historia corriente es eso

sentimiento.

 

Empezare por el principio

porque el final

aun no está escrito.

 

Abrí los ojos al mundo

para empezar a escribir

la historia de mi destino,

y lo primero que vi

fueron unos ojos vidriosos

llenos de felicidad,

o eso creí,

pues la felicidad

no sabía describir,

uno ojos color almendra

resplandecientes, eran ellos,

en la penumbra de una habitación,

eran los de mi madre

que me daban la bienvenida

y cuidarme quería

con todo su corazón.

 

Eso ocurrió el último día del año

una oscura noche de invierno,

en que los copos de nieve

mansos caían

pintando de blanco

el lugar donde aquella noche

un destino llego,

pueblecito era y es

de un valle maravilloso

donde el agua de sus ríos,

de sus fuentes,

es pura y cristalina.

 

De verdes praderas, es

y altas montañas, también,

con lugareños tranquilos,

un tanto esquivos

y un mucho soñadores,

con sus propios sueños

de libertad,

donde las golondrinas

vuelan de acá para allá

y las cigüeñas

cada primavera

ilusiones traen.

 

Un valle, un lugar

olvidado de la historia,

pues nadie lo conquisto

y el solo

se labro

su propia historia.

 

Aquella noche la nieve

con su blanco manto

las calles,

los riscos,

las praderas,

las cumbres cubrió,

y la abuela aseveró

“año de nieves,

año de bienes será”.

 

Allí di los primeros pasos

las torpes galopadas

de un niño,

los veranos

de mi infancia

allí pase,

lleno de ilusiones

pintando sueños

pescando truchas y ranas,

observando cómo las golondrinas

sus nidos hacían

en el alero con canalón

de la casa de la abuela.

 

Los años,

como el tiempo,

pasa

muy lento para un niño,

muy deprisa para los demás,

todos sabemos

que el tiempo pasa

porque aunque matemos al gallo

nunca deja de amanecer,

el tiempo nunca olvida

ni tampoco deja olvidar

pues el tiempo

solo queda olvidado.

 

Y en eso llego

ese tiempo que es eterno

e indeterminado

donde se escurre

el sufrimiento

y la alegría,

que el tiempo

de la adolescencia es

dejando atrás la infancia

las golondrinas,

las truchas,

las ranas,

el río

y la historia del valle

que me vio nacer

una oscura noche

de invierno.

 

Una nueva etapa emprendí,

lejos de los misterios del valle,

donde mis sueños de infancia deje,

la etapa de la adolescencia es

esa incomprendida

que nadie quiere,

que solo una vez tienes,

y que tantos recuerdos

esconde

en las sombras de la memoria…

hay aquella adolescencia

de murmullos en la clase

de griterío en los pasillos

de pelas en el patio del colegio

de susurros en la iglesia,

de catequesis y monaguillo,

donde los reproches

eran coscorrones,

y la rebeldía

regla y bofetada…

esa etapa

en la que la infancia

aun es un recuerdo

donde refugiarse…

pero… los años

como el tiempo pasan.

 

Así pasa la adolescencia

adentrándote lentamente

en la juventud…

ah, ah, ahaaa, la juventud

divino tesoro

que tantos recuerdos

dejas escritos en la memoria,

aquellas confidencias al oído

bajo los soportales de la plaza mayor,

o en los jardines del Cid,

aquellas tardes

de miradas furtivas,

de miradas de soslayo,

de inocentes caricias,

de ingenuos besos,

de cómplices sonrisas

de secretos guardados,

donde lo prohibido

era conquista…

 

En esa juventud

de rebeldía

llega la mayoría de edad,

y con ella

el primer amor…

hay ese primer amor

donde la ilusión

y la esperanza

parece no tener fin,

y que cuánto dolor deja…

aunque los años

sanan lo que no importa,

o eso decimos con la boca

aunque en la soledad

y el silencio

lamentos del ayer son

ya que el mañana del ayer

es el hoy

de tu destino…

 

Pero eso es una historia

que otro día contare

ya que hoy

en la madurez

contemplo

como pasa el tiempo

rápido y lento

con ese cinismo

que los años vividos

el destino nos da,

porque no quiero

perder el tiempo

en perderme

lo que el presente me deja

que no son más que versos

de un tiempo que no pasa

si en el no te sumerges…

 

Por eso estos versos

del ayer

ya lejano,

de un pasado

ya vivido

que no son más que

recuerdos queridos.

ATARDECER

El atardecer plumboso

cae sobre la ciudad

los cirios de Edison

principian a avivarse

a esa hora en que

los rayos del sol

se difuminan con un beso

sobre el mar

dibujando las alargadas sombras

de un día que se va.

El mundo arrastra,

en la penumbra,

la pesada incertidumbre

del mañana,

pues el hoy

solo ha dejado

los lastimeros rasguños

del indeciso ayer

y las lagrimas

de un indeterminado futuro

hacia los fantasmas

de la noche,

que amamanta los misterios

de los sueños.