EL YO PERDIDO

El llanto del pasado

se pierde en este presente

en que busco mi propio yo,

que perdido se haya

en los lamentos del ayer.

No me interesa el dolor,

ni los remordimientos,

ni las culpas, tuyas o mías,

ni las equivocaciones,

con las que he transitado

por la aciaga senda del lejano

pues de ellas he aprendido

que el presente hay que vivirlo

sin miedo y con emoción.

Solo quiero un momento

de alegría, de esperanza

que me de la inspiración

de mi propio yo.

SECRETOS DEL PRETERITO VII

–¿Que paso tras esa discusión? –pregunta el comisario Antón Freixa.

–Nada en especial. Unas cuantas horas en que ella se encerró en sus silencios, y yo en los míos. Simplemente deje que sus miedos se fuesen enfriando, como así ocurrió. Yo seguí investigando sobre la vida de Pascual, pero desde ese día deje de contarle lo que iba averiguando acerca de la misma.

         –¿Qué mas recuerda de cuando eran unos adolescentes?

         –Lo recuerdo casi todo, porque es la mejor época de nuestras vidas y de la que de alguna manera nos marca el destino que hemos de seguir… Recuerdo por ejemplo que por aquella época se empezó a interesar por el deporte de una manera yo diría que compulsiva. Era demasiado bueno, como siempre en todo lo que se empeñaba en hacer. En todos los deportes que practicaba sobresalía por encima de los demás compañeros, era una figura demasiado central entre los compañeros como para retraerse en lo que hacía. Durante aquellos primeros años de adolescentes, uno tenía la impresión de que no había nada que no hiciera bien, nada que no hiciera mejor que todos los demás. Era el mejor jugador de baloncesto, el mejor estudiante, el más guapo de todos los chicos, al que las chicas querían conquistar y los chicos tener a su lado, por si alguna de las chicas patinaba. Cualquiera de estas cualidades hubiera sido suficiente para darle un estatus especial, pero juntas lo hacían heroico, un muchacho tocado por el dedo de los dioses. Pero, a pesar de ser extraordinario, seguía siendo uno de nosotros. Pascual no era un genio ni un prodigio; no tenía ningún don milagroso que lo apartase o que tan siguiera lo separase de los muchachos de su edad. Era un muchacho perfectamente normal, solo que más…, si eso es posible, más en armonía consigo mismo, más idealmente un chico distinto, de lo normal.

»En nuestro segundo año de bachillerato, por ejemplo, Pascual fue el único miembro de nuestra clase que consiguió entrar en el equipo del colegio de balonmano. Jugó extraordinariamente bien durante los dos primeros trimestres y luego, sin ninguna razón aparente, dejó el equipo. La hubo, aunque nunca he sabido muy bien cual era. Recuerdo que me contó el incidente al día siguiente de que ocurriera: había entrado en el despacho del entrenador después del entrenamiento para recoger su uniforme. El hombre acababa de ducharse y, cuando Pascual entró en la habitación estaba de pie junto a su mesa completamente desnudo, con un cigarro en la boca, una toalla en la cabeza y otra alrededor de su cintura, que cubría sus partes más íntimas, la cual se deslizó por sus piernas cuando Pascual entró en el cuarto de improviso y cerró la puerta a su paso. Pascual se recreó deliberadamente describiéndome la situación, disfrutando mientras lo hacía, con la descripción, deteniéndose en los detalles más absurdos de la escena, embelleciéndola con aclaraciones acerca del cuerpo regordete del entrenador, la luz en la habitación, el charco de agua en el suelo de hormigón gris, cómo era el miembro del entrenador, que su huevo derecho era más pequeño que el izquierdo; pero eso fue todo, una simple descripción adornada, una riestra de palabras divorciadas de cualquier cosa o asunto que pudiera afectar al propio Pascual. Me decepcionó que dejara el equipo, pero él nunca me explicó realmente por qué lo había hecho…, quizás la intuía meses más tarde, solo me dijo una de sus reglas; regla número treinta y siete:

–“No intentes llenar una palangana agujereada, pues es inútil y aburrida”.

»Lo de siempre, en cuanto probaba algo y después de un tiempo lo abandonaba. Sin una razón, ni por supuesto explicación por su parte de por qué lo hacía…, era su sino, nunca terminaba lo que empezaba. lo abandonaba a mitad del camino para emprender otra aventura que nunca llegaría a su fin.

»Retrospectivamente, me hubiera parecido natural que Pascual Fonseca llegara a ser escritor. Es más, en algún momento lo he pensado seriamente ya que la severidad de su introspección, en los últimos años en que estuvimos unidos, casi parecía exigirlo. Ya cuando éramos bachilleres, en el colegio de los maristas, redactaba cuentecitos, creo que a partir de los trece o catorce años, dudo que hubiese algún momento en que no se viera a sí mismo como escritor. Al principio, por supuesto, no parecía significar mucho lo que salía de su lápiz; siempre le gusto escribir con lápiz de carboncillo, en vez del bolígrafo o la estilográfica, por aquel entonces, era la habitual faramalla de un adolescente imaginativo. Era muy dado, le gustaba, por aquel entonces, esa clase de literatura, llena de frases prosopopéyicas, a la vez que de extravagantes giros argumentales, muy de los escritores del Siglo de Oro.

»Recuerdo que, en quinto, Pafo escribió una especie de relato o novela corta para un concurso literario de las fiestas patronales del colegio. Su argumento trataba sobre la llegada del hombre a la luna (era el año que el hombre llego a pisar la luna, 1969) y constaba de unas cincuenta páginas aproximadamente. Lo ganó. Después de terminadas las fiestas, el profesor de literatura, el hermano Alonso, le propuso leer en alto su novela corta en sesiones de diez minutos diarios al final de su clase de lengua. Todos nos sentíamos orgullosos o, quizás mejor dicho, sentíamos envidia de Pascual y, de algún modo, estábamos sorprendidos por su teatral manera de leer sus propios escritos, representando los papeles de cada uno de los personajes. El argumento de su historia se me escapa ahora. Pero recuerdo que era infinitamente complejo, con un final centrado en algo como las identidades confundidas entre los astronautas y los habitantes de la luna…

»De chicos, a los de la pandilla, nos encantaba, sobre todo a mí, nos apasionaba jugar alrededor de las obras en construcción, subiéndonos a las escaleras de mano y trepando por los andamios, andando por tablas en equilibrio sobre un abismo de maquinaria, sacos terreros y barro. Es cierto que yo no era de los más echados palante, yo no era el primero en las iniciativas. Yo me quedaba en segundo término mientras Pascual o José realizaban todas estas hazañas. En el primer instante de la propuesta, yo en mi interior les imploraba que lo dejaran, pero sin decirles nunca nada para que no lo hiciesen, deseando que no propusiesen qué hacer, más por miedo y con temor por si nos caíamos, después de esos minutos de incertidumbre yo los seguía sin pensar en el riesgo que hubiese. A medida que pasaba el tiempo, estos impulsos se volvían más conscientes. Pascual me hablaba de la importancia de “saborear, degustar la vida”. Ponerse las cosas difíciles, decía, “explorar lo desconocido”, eso era lo que quería, cada vez más, a medida que se hacía mayor…

 

CONTINUARA

MIERCOLES

Mi agenda de jeroglíficos y letras esta, que

Implacable me marca el caminar en la ciudad herida

Empeñada en que cumpla lo programado

Raptando minutos al reloj de mi tiempo

Cargando la cabeza de preguntas, para

Obtener respuesta que seduzcan, que

Lentas giraran como una noria en la mente

Esperando el momento de que se pare, para

Salir corriendo en busca del instante de recreo.

 

LO EXTRAÑO QUE ME SIENTO

Esta noche nublada

versos quiero escribir

de lo extraño que me siento

cuando a mi lado tú no estas,

musa de mi inspiración

y de mi sentimiento,

pues tu presencia

todo lo inunda,

como el agua de tu

mar Mediterráneo,

tu voz de dicha me llena,

tu sonrisa de ilusión

y tus ojos…

¡ay tus ojos!

como esmeraldas que son,

cuando me miran

mi alma de esperanza se colma.

Si con el eco de tu voz

mi boca sale a tu encuentro

y mi cuerpo busca tu calor

perdiéndose, como un niño,

en los pliegues de tu pie.

Solo se que amarte con pasión

deseo y quiero,

pues tu eres la luz

del faro de mi vida

la esencia de mi existencia.

Como expresar lo que llevo dentro

si cuando te tengo me estremezco

y perdido estoy cuando no te tengo.