EL DOLOR DEL ALMA

Caminando por la senda del destino

he llegado has aquí,

a este rincón de las sombras,

de la soledad compartida en silencio,

de las palabras sin voz

y con respeto a las sombras

que en este rincón cohabitan

y a sus palabras sin voz

en este rincón quiero dejar

una encomienda, en verso,

de este aprendiz de poeta,

de escritor.

 

Hoy del dolor quiero hablar,

del propio y del ajeno,

no del dolor físico

sino del dolor del alma,

porque hoy he sabido

que sea muerto un “pescadito” chico,

que alguien sin alma, ni corazón,

se lo ha llevado a la oscuridad

llevándose también la esperanza

del “pescadito” chico,

y él se ha ido solo con su ilusión

dejándonos solo dolor.

El dolor del alma

que es un sentimiento,

triste, desde el primer instante

funesto, porque alarga la tristeza

aciago, porque perdura en el recuerdo.

Nunca estamos preparados

para el sentimiento del dolor

mas bien lo tememos,

y cuando este llega

sentimos que algo

nos desgarra por dentro

sintiendo la amargura del dolor.

A ese dolor

culto le profesamos,

en soledad nos acurrucamos,

con lagrimas le amamantamos

aferrándonos a los recuerdos

con desconsuelo

teniéndolo como confesor

de nuestra aflicción.

Y me pregunto ¿por qué?

si realmente lo detestamos,

será porque nuestra alma

necesita el dolor para saber

lo que es amar.

 

Hoy el dolor, la amargura,

la incomprensión, la pena

nos recorre el alma

y encoje nuestro corazón

pensando con aflicción

que el “pescadito” chico

se ha ido con su ilusión

dejándonos solo dolor.

 

En recuerdo de Gabriel “el pecadito chico”, que la sin razón y el egoísmo de alguien sin corazón lo ha arrojado a la oscuridad del recuerdo.