DESENCUENTRO

Discrepancia de opinión

Emociones encontradas

Suelen traer palabras no deseadas

En el instante de la sin razón, que

Nostalgia deja en el alma, que

Con el tiempo en recuerdo se transforma, que

Un día añoranza traerá al

Eco arrogante de un ego, pensado que

Nos dejamos llevar por el arrebato del instante

Tan deprisa pasa, como tarde se va, sin

Resolver el entuerto de una aflicción

Oteando el horizonte de lo que…

SECRETOS DEL PRETERITO VI

–Ya estoy harta, ya no aguanto más todo esto –dijo, entrando con brusquedad en el despacho, dando un puntapié a la caja que estaba situada detrás de mí, en el centro de la habitación. En su cara se reflejaba una ira brusca, que más bien estaba dirigida contra sí misma, más que contra mí.

–¿Qué es lo que ha pasado? –levanté la vista sobresaltado girando el sillón.

–De todo –dijo ella, moviendo los brazos–. Estoy harta de que hayas metido a la sombra de Pascual en nuestras vidas.

–¿Qué dices te has vuelto loca? Te recuerdo que tú estabas de acuerdo con ello. ¿Qué quieres que haga ahora, Letizia?

Ella se volvió para mirarme, vi que estaba al borde de las lágrimas.

–¿De qué sirve todo esto? Llevas cinco años indagando, escudriñando en su vida y eso nos está matando –le temblaba la voz, estaba perdiendo el control–. Quiero decir que Pascual está muerto, para mí, para nosotros, ¿no? Y, si él ha muerto, ¿para qué necesitamos todo esto, toda la miseria de su vida entremezclándose con la nuestra? Es como si estuviésemos viviendo con el espíritu de un cadáver.

–No sé a qué viene esto. De qué estás hablando. Por supuesto que sé muy bien que para nosotros está muerto, pero eso no quiere decir que…

–Pues, por lo que veo, no lo parece. Tres días que tienes para estar conmigo y con los niños, tú te los pasas encerrado en esta habitación, reconstruyendo su vida y dejando con ello que su fantasma vague a sus anchas por cada rincón de la casa. Tú sigue así.

–Pero fuiste tú quién me animó. Tú querías que escribiese el libro.

–Sí, lo sé. Aunque no es del todo cierto. Eso fue hacé cien años, cariño. Además pensaba que solo serían unos cinco folios más o menos, que escribirías en una tarde y ya está, no que te llevase cinco años de nuestra vida dedicado a ello, y cada vez robando más y más tiempo, a mí y a tus hijos.

–Sí, bueno, yo también creí que me llevaría menos tiempo. Pero ya ves nos hemos equivocado. ¿Qué quieres, que lo deje ahora que estoy terminando?

–Sí, sería lo mejor…

–Sigo sin comprender a qué viene esto ahora.

–Viene a que te estoy…, te estamos perdiendo los niños y yo. Y de verdad no puedo sopórtalo, solo de pensarlo, me pone enferma… De pensar en perder, otra vez, a mi marido…

–Nadie está perdiendo a nadie. Eso lo dices porque estás enfadada al no querer acompañaros…

–¡¿Yo enfadada?! No, querido, te equivocas. No estoy para nada enfadada, sino que, más bien que me estoy desilusionando con la vida que tenemos. Tú estás obsesionado con todo esto y nos has apartado por su culpa…

–Letizia tu cabreo te nubla la razón. No sabes lo que estás diciendo, por lo que no tendré en cuenta tus palabras.

–Pues deberías…

–Mira, dame media hora nada más, a que termine de revisar estas notas y me voy con vosotros.

–Ya veo que no has entendido nada, de nada, ¿verdad? –dijo, mirándome con incredulidad.

–Va, Letizia, cariño, déjate de patochadas. Entiendo de sobra tu enfado, y entiendo también que hace tiempo que debería haber terminado de componer todo este laberinto, pero cada vez que doy un paso…

– Ya no se puede hablar contigo. Ya no escuchas lo que te digo. La memoria de tú amigo te está dominando y arrastrándote hasta donde ella quiere.

–Pero estoy haciendo todo lo que puedo por terminar. La memoria de Pascual no me domina. No son más que recuerdos escritos en un folio…

–Eso es lo que tú te crees, pero no es verdad. Tú crees que sí, pero no. ¿No ves lo que estás haciendo? Lo único que estás haciendo con esos recuerdos es devolverle la vida a través de la tuya…

–Lo único que estoy haciendo es escribir un libro. Eso es todo, solo un libro. ¿Cómo crees que puedo escribir un libro sobre la vida de alguien sino me zambullo de cabeza en su vida?

–Ya, en todos estos papeles hay mucho más que eso. Lo sé, lo noto. En todo este tiempo, desde que has empezado a hurgar en su vida, cada vez ha ido a más.

–Es cierto, un camino me ha llevado a otro y este a otro, pero creo que he llegado al último de esos caminos y ya no hay otro por donde seguir.

–Tengo claro que para que nuestra relación dure y cada vez sea más fuerte, él tiene que estar fuera de esta casa, que es la nuestra, de nuestras vidas. ¿No lo entiendes? Pues es muy simples. No solo tiene que estar muerto de palabra, sino que también tiene que estar muerto para nosotros dos. Y estoy convencida de que para uno de nosotros no lo está, sino más bien lo contrario.

–Ya casi está terminado, te prometo que en un mes lo dejo listo y se lo entrego a la editorial.

–Y luego ¿qué pasará, Nicolás?

–Ya veremos. No puedo saberlo. Ya veremos lo que pasa.

–Ese ya veremos…, eso es lo que me da miedo.

–Pues no sé por qué tiene que darte miedo… Esperemos a ver…

–Creo que no. Tal y como están las cosas, no.

–¿Qué quiere decir con ese “no”?

–Sólo eso. “no.” Que no estoy dispuesta a esperar a ese “ya veremos”.

–No digas eso, Leticia.

–No lo puedo remediar Nicolás. Últimamente pienso que ya te has ido con él, y nos has abandonado a mí y a los niños. Sueño todas las noches viéndote de espaldas desaparecer ante mis ojos y no puedo hacer nada por remediarlo.

–Eso es una tontería, lo que estás diciendo.

–Te equívocas, amor. No se trata de ninguna tontería.

–Pues es lo que parece.

–Estamos llegando al final, cariño, lo mismo que ese maldito libro, y ni siquiera te das cuenta de ello. Vas a desaparecer y nunca volveré a verte.

–No puedes creerte lo que estás diciendo.

–Pues no solo lo creo, sino que empiezo a estar convencida de que, si las cosas siguen así, vamos a perderte.

CONTINUARA…

LOS SUSURROS DE LOS POETAS MUERTOS (Henry David Thoreau)

LA LUNA
La luna es un lucero lleno de rayos inalterados
Se acumulan en el cielo del este,
No destinada a estas noches cortas para siempre,
Pero brilla constantemente.

Ella no se apaga, pero, para mi fortuna
La que sus rayos no bendicen,
Mi camino descarriado declina rápidamente,
Sin embargo, ella no brilla menos.

Y si ella débilmente brilla aquí,
y su luz palidece,
Sin embargo, todos los días en su propia esfera
Ella es dueña de la noche.

 

TODAS LAS COSAS SE ENCUENTRAN EN CURSO. 
En el suelo terrenal,
Los espíritus y los elementos
Tienen sus caídas.

La noche y el día, año tras año,
Altas y bajas, cerca y lejos
Estos son nuestros propios aspectos,
Estos son nuestros propios remordimientos.

Los dioses de la tierra,
Que permanecen para siempre,
Los veo en lejanos promontorios,
Extendiéndose a ambos lados;

Escucho los sonidos de una noche dulce
Desde su terreno indestructible;
Engañándome nada más con el tiempo,
Llévame a tu clima.