TE FUISTE EN SILENCIO

En este amanecer en que

el frío se raspa en la ventana,

una foto en blanco y negro

ajada por el roce del tiempo

tu rostro me trae el recuerdo

del ocaso de tu vida

en un día de primavera.

Querida madre.

Te fuiste desvaneciendo,

marchitándote como una flor

poco a poco, en silencio.

Tu caminar impetuoso

se convirtió en el reloj del tiempo

en el revoloteo de una mariposa herida.

Tu dulce chorro de voz

Se convirtió en orvallo del amanecer

Y el sonido del reloj de tu tiempo

que abrazaba el tiempo de los sueños

se pierde a través de la ventana.

Lentamente te fuiste, en silencio

como el cansado día que al atardecer

se cubre sus ojos

con el manto de la noche.

Los amaneceres de mi tiempo

han echado en falta

el diluvio de tu voz,

que hacia posible

que el día fuese soportable.

Ahora a esos amaneceres

le falta el grato aroma

de tu aliento y de tu palabra,

y la luz de tu sonrisa.

Te fuiste en silencio, y tu voz

se ha perdido en el recuerdo

lentamente, despacio, y en silencio

como el crepitar del fuego

al que la vida se le va hiendo por momentos

convirtiéndose en humo y cenizas

vestidos con el Zendale de la despedida

dejándonos los fantasmas de sus recuerdos.

En este amanecer en que

el frío se raspa en la ventana,

mirando esta foto, en blanco y negro

ajada por el roce del tiempo

esos fantasmas de humo y cenizas

me traen tus agridulces recuerdos

para conjurar tu sonrisa, tu voz,

tu silencio, madre.

Te fuiste en silencio

sin despedirte siquiera

sin un adiós en el recuerdo

dejándote tu silencio, madre.