UN DÍA INESPERADO

Esta mañana al despertar

el sueño se fue en la penumbra

y el repique en los cristales

del ventanal, me despertó,

¡llueve! pensé,

la intuición se confirma

al mirar por el ventanal.

En el cielo solo un color

dibuja el nuevo día,

gris es.

Al mirar el horizonte

este tiene un color,

gris plomo es,

que lluvias presagia.

Desplazo una de las hojas

del ventanal, y

una brisa húmeda

besa mi rostro

envolviendo el entorno.

En la alfombra del jardín,

algo ajada, por el tiempo,

se mecen la copa del naranjo,

del limonero, del almendro,

y el columpio de los nietos

se abanica sobre si.

En la pérgola del centro

el jazmín blanco se arruga

y la roja buganvilla tirita.

Mas allá, hacia la derecha

la fachada del vecino

refleja mensajes de agua

en su piel amarilla,

y las plaquetas del paseo

se vuelven grisáceas

figuras del teatro del tiempo

confundiendo el cielo con la tierra.

Me siento en la galería

huyendo de la algazara de los nietos

con un café en la mano

y un libro bajo el brazo,

un coro de clarinetes

dan paso a violines y violonchelos

mientras las teclas negras y blancas

de un piano se acercan en la lejanía,

como una dama con su vestido de noche

con pronunciado escote

por delante y por detrás,

es una opera de Verdi

que acomoda la estancia.

En esta mañana de lluvia y alboroto

me refugio en la música de Verdi

y en la lectura, que un libro

de tapas oscuras esconde.

Me siento en el viejo sillón

remozado en una tarde de otoño,

con la taza a mi lado

y un libro en mi regazo,

dejo que la música de Verdi

y la lluvia de este domingo

bailen un vals musette

mientras yo, me adentro

en el mundo misterioso

de la historia del libro.

Un día inesperado

me ha regalado esta lluvia

que lagrimas de Ángel y poeta son.

AMO A LA VIDA

Amo a la vida

que al oído me murmura

secretos inconfesables,

recuerdos olvidados,

sueños perdidos.

Que me habla

en los días despejados,

y en las noches oscuras,

con palabras con sentido

y sin sentido,

llenas de razón.

Amo a la vida

con un destino

con un motivo,

que al oído me susurra

palabras de amor,

palabras de desamor,

palabras necias

y palabras sabias

que marcan la senda

de mi destino.

Por eso respeto su franqueza

como tolero sus caprichos,

como guardo sus sueños

en ese lugar que todos ven

pero que no saben que es.

Por eso…

Amo a la vida

que fría acaricia mi piel

mientras camino

hacia ese destino

que ni ella misma conoce.