DESESPERACION

Camino por la autopista del olvido en dirección al valle de la esperanza. Voy enseñando mi sufrimiento; a jirones llevo la piel, muerto el orgullo, y el alma llena de esos profundos surcos que da la tristeza; y la esperanza que un día guardaba en la memoria de mis sueños, perdida y lejana. Muy lejana ya ella.

Vengo de un país, que ya ni país es, pues sus habitantes zombis son, y su tierra, antaño verde y llena de color, roja se a tornado… los hombres, mujeres, niños, son gente sin vida en los ojos, y con la boca abierta miran al cielo perdido, tumbados sobre los escombros de su ya miserable vida. Ya ni soñar saben.

Voy hacia el valle de la esperanza con el alma lacerada y la mirada perdida, en mi memoria llevo arrugados los recuerdos de lo que quería ver, de lo que quería ser. Y ahora lo que quiero es que nadie los vea, que nadie sepa ni que siguiera han existido.

Camino por la dura y fría autopista, bajo la lluvia, la nieve, el frío y el calor de los rayos del sol; camino abatido y encorvado por la tristeza de un pasado, que se me antoja lejano cuando en realidad es cercano, de anteayer, un pasado que en un tiempo fue feliz. En la mano izquierda llevo el hatillo de mi vida, y en la derecha la pequeña libreta de un futuro incierto, que con pasos cortos, muy cortos, camina a mi lado cogido de la mano para no caer en el acantilado del infierno.

Camino entre arboles, entre riscos y prados; entre lenguas que no entiendo, miradas de soslayo, y gente que no me entiende, que solo le doy pena; que me teme y a los que temo. Pero es que lo que quiero es solo llegar.

¿Llegar a donde? Pregunta mi hija.

Llegar a un país, un lugar donde la esperanza sea la luz del día a día. Le contesto yo

Solo eso quiero, ya que vengo huyendo del ensordecedor ruido de la muerte, el hambre, la humillación, de la perdida de dignidad; huyendo de la tierra que me vio nacer, y que ahora esa tierra está llena de sangre y odio que no comprendo ni entiendo. Vengo de ese infierno que otros, en los que un día confié, han creado por las ansias de poder y la obsesión de la sin razón, escudados en la razón de la religión, que es todo menos razón… Por eso cruzo estas tierras que no conozco con la ilusión de saber que hay detrás de la bruma de toda esta locura. Para mirar a la cara a mi pequeño futuro.

A mi lado camina mi mujer, que solo mira el polvoriento suelo, arrastrando su pena, y mi pequeña hija, indefensa ella, que no deja de mirarme con su carita inocente, para no mirar a los lados, porque la noche la aterra, y mientras duerme siento como su miedo se cuela entre los surcos de mi piel hasta mi alma, mientras mis lagrimas corren por mi cara como un reguero de lava. Y mi alma, vacía, se va durmiendo poco a poco, mientras acurruco entre mis brazos a mi pequeño futuro, abrazándolo fuerte para que rellene el hueco vacío de mi alma.

Y es que vengo de tan lejos, que a días pienso que todavía estoy allí. En el infierno sin futuro.