LOS SUSURROS DE LOS POETAS MUERTOS II (Emily Dickinson)

                                                    Cuando cuento las semillas

Cuando cuento las semillas
sembradas allá abajo
para florecer así, lado a lado;

cuando examino a la gente
que tan bajo yace
para llegar tan alto;

cuando creo que el jardín
que no verán los mortales
siega el azar sus capullos
y sortea a esta abeja,
puedo prescindir del verano, sin queja.

 

Certidumbre

Yo jamás he visto un yermo
y el mar nunca llegué a ver
pero he visto los ojos de los brezos
y sé lo que las olas deben ser.

Con Dios jamás he hablado
ni lo visité en el Cielo,
pero segura estoy de adónde viajo
cual si me hubieran dado el derrotero.

 

Ensueño

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel;
y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel

Aun el más pobre puede hacerlo,
nada por ello ha de pagar:
el alma en el transporte de su sueño
se nutre sólo de silencio y paz.

 

La sortija

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.

Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

 

 

AÑORANZA

En esta mañana de Enero

salí solo a caminar

dejando que mis piernas

me llevasen sin destino,

porque sentí un pesar.

De pie en la playa

ante la inmensidad del mar,

fui hijo, y fui padre

de la reluciente arena,

y fui abuelo

de las olas del mar.

Allí de pie

la espuma de las olas

bañaron mis pies

y el viento soleado

de la mañana

se abalanzó sobre el rostro,

sintiendo añoranza del pasado,

de cuando era un niño

y solo tenia esperanzas e ilusiones,

el tiempo ha pasado

y las ilusiones perdidas

como los sollozos

del niño que fui,

trasladadas de acá para haya

por el viento del mar

como la arena que pisan mis pies.

Esta mañana

sentí añoranza

de no ser un niño,

pues las ilusiones

y la esperanza

no son las mismas.