MADRE

Mi gran amiga del alma,

mi dulce encanto, que me dio

el primer suspiro de la vida,

la que acunó en sus brazos

mi primer llanto,

la que en mi infancia

cuando la inocencia era una alhaja,

cuando mi mundo

solo tenia juegos y risas,

y tu estabas en el recogiendo

mis lloros y mis tristezas,

Madre, mi único consuelo,

el alma se me enojó al recordarte.

Madre, en mi juventud

tus consejos, eran

el bálsamo de mis desdichas,

te perdí, en aquella juventud mía

quedándose  la desazón,

y las desdichas, y ahora

que mi juventud se ha ido

presiento que la soledad

es mi única cómplice,

algunos días, por momentos,

aparcó mis pensamientos

y salgo al bosque de mi memoria

tratando de encontrarte

entre las sombras

de mis recuerdos

donde diviso tu rostro

en la oscura lejanía…

¡Cuánto tiempo madre

ha transcurrido desde aquel día,

en que la oscura fortuna,

tan atroz nos separo!…

¡Tanto tiempo de callado desconsuelo!