MALDITA AUSENCIA

Mama esta noche la luna llega deslizándose

entre las almidonadas nubes a la deriva,

deseando borrar tu rostro maduro

de garbeadas tardes asidos de la mano,

queriendo husmear en mi cuaderno

donde escondo mis recuerdos pretéritos

de alegres atardeceres rojizos,

de dibujadas paginas

por el vapor de tu sonrisa,

por el tañido de tus palabras,

por el repiqueteo de tus dedos,

pues extraño la solidez de tu presencia

mutilada por la déspota arista de tu ausencia.

En estas noches, mama

en que la luna se desliza,

me he acostumbrado a calibrar

el ausente aliento de tu silenciosa sonrisa,

el huido raído sonido de tu voz

sobre el blanco mármol de la luna.

Mis recuerdos solo son fotos vitales

en mi cansada menoría…

una de ellas son tus menudas manos,

tus largos dedos de pianista

acariciando el terso césped de la arena.

En estas noches, mama

en que la luna se desliza,

me he acostumbrado a ver fondear cada día

tu cuerpo de mariposa transparente

sobre el rosal de mis desdichas,

tantas veces, que se me hace difícil

dibujar las palabras en la sonrisa de tu rostro,

aquella vieja costumbre nuestra,

en que tu escuchas atentamente

como se deslizaba mi voz en el viento.

En estas noches, mama

en que la luna se desliza,

mis sonetos, mis estrofas,

mis versos, y mi prosa,

no son mas que cantos rodados

en esa playa en la que tus largos dedos

acariciaban el terso césped de la arena,

donde  por infortunio te has convertido

en la sombra de un recuerdo,

te hecho de menos mama

implacable domadora de mis dudas,

y por eso maldigo tu ausencia

mientras sigo amándola.

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