PRETÉRITO

No me busques,

no me sigas,

no me llames,

cuando me haya ido

por la senda de mi destino.

 

No me busques,

no me sigas,

no me llames,

cuando el contorno de mi huella

se disperse en el polvo de la senda

y tus palabras, y las mías

se confundan con el viento,

o en el silencio de unas caricias

ya olvidadas.

 

No me busques,

no me sigas,

no me llames,

cuando mi mirada se pierde

en la hojarasca del otoño,

y su frío recorra mis huesos.

 

No me busques,

no me sigas,

no me llames,

cuando la Bauta de mi rostro

se cobije entre tus sueños,

mientras mi nombre

poco a poco se graba

con fuego en tus recuerdos.

 

No me busques,

no me sigas,

no me llames,

pues bien sabes

que lo nuestro

ya solo es

una historia del pasado,

del que solo queda

la huella del recuerdo.

NOVELA SIN RETORNO

Les dejo este cuento recién salido del horno.

 

Escondíase el sol bajo el mar cuando Fernando, novela en mano, por fin pudo sentarse con relativa comodidad en su sillón predilecto, ese que miraba por la ventana hacia el jardín y la pálida arena de la playa, entre lustrados repisas, persianas blancas, tapices, alfombras importadas, y lo más importante, cobijado por aquella paz que solía serle tan esquiva.

Se movió hasta encontrar la postura perfecta, la que no le perturbaría la lectura con calambres, roces o cualquier otra clase de caprichos de un cansado cuerpo en contacto con el tapiz. Era necesario estar cómodo para leer, para poder internarse verdaderamente en las líneas de su novela, para poder vivir la tinta de aquellas páginas como si fuera su vida misma. Además, para Fernando era necesaria una tranquilidad, utópica en realidad, para que las páginas de su novela no avanzaran en vano, para sentir que sábado y domingo habían llegado al fin y al cabo, para convencerse de que estaba en su casa en la playa, y que la oficina, la ciudad, el ruido, las interrupciones, en una palabra que el resto del mundo habían quedado atrás, transformándolo en una isla solitaria hasta el próximo lunes.

Ya instalado, tomó sus anteojos y abrió la novela, como quien respira luego de haber estado varios segundos bajo el agua. Abrió la novela y la miró con detenimiento. Examinó las letras impresas, palpó la calidad del papel, sintió el olor del empaste, y el correr de sus dedos ágiles por sobre el borde de las primeras páginas, las inútiles páginas de datos, de editorial, de comentarios extensos, de nulo interés para el lector, hasta llegar al comienzo del primer capítulo. Sus ojos se movieron por las primeras líneas, torpes y oxidados. Leyó la primera página sin convencerse mucho de la historia, o de lo que a esas alturas podía asomarse de ella. Leyó las siguientes dos o tres páginas con igual conclusión.

–Otra de esas novelas descriptivas que pueden gastar un capítulo entero en el retrato de la oreja izquierda del protagonista sin sentir algo de compasión por el lector –se dijo.

Mientras avanzaba a la página siguiente. Impaciente, su frágil atención se desvió hacia los lejanos ruidos de la casa, ruidos que eran sofocados en gran medida por las murallas y puertas, pero que aún se mantenían perceptibles para el oído atentísimo del lector que no encuentra el hilo de una narración. Podía escuchar a su señora hablar por teléfono, a su hijo Pablo jugar a la pelota en el jardín, a la empleada preparar la comida para la noche, y sin ir más lejos, podía escuchar a su propio cuerpo modular los sonidos propios de la respiración y otros de procedencia menos ortodoxa. Decidió volver a centrarse en lo que verdaderamente le importaba: saberse absorto en un vertiginoso relato que por lo usual era mucho más interesante que el que podría contarse de su propia vida.

Se lanzó esta vez, un poco más decidido hacia la lectura, y le pareció que las páginas comenzaban a correr con mayor velocidad, la pareció sentir cómo su ambiente atenuaba sus estímulos, casi acercándose a su ansiada extinción.

–Desaparece mundo, vuela lejos. – dijo, tratando de emular en algo a las metáforas y expresiones que acababa de leer.

Lógicamente, no se permitía más que un par de segundos para hacer estas apreciaciones complacientes, no fuera a ser que perdiera el hilo de la historia.Su mirada se había perdido, su rostro palidecía, Fernando desaparecía de la habitación y se adentraba en dimensiones menos sosas y predecibles. Fernando volaba. Fernando se balanceaba plácido entre palabras bien escogidas, expresiones perfectamente acabadas, páginas agotadoras y algún respiro. No había tiempo. Fernando era inmaterial, inalcanzable, omnisciente, ¡sabía tanto más que el pobre protagonista de aquella historia! Le habría gustado detener la novela, hablar unos segundos con él, para ayudarlo, para evitar alguna encrucijada, algún paso irreversible para este. Fernando comprendía la historia tanto mejor que el escritor, no, Fernando era el escritor, mejor aún, Fernando era dios.

– ¡Fernando se enfría la comida! –se escuchó una voz gritar desde el otro lado de la casa.

Súbitamente volvió a la habitación, y sintió cómo su atención se enfriaba de un solo golpe.De mala gana respondió:

–Guárdenme comida que ahora estoy ocupado.

Poco le importaba si su excusa sería aceptada por el resto del clan familiar, lo suyo era tanto más importante. Debía volver.

Tomó un respiro, y emprendió nuevamente la lectura, sin antes contemplar complacido la cantidad de páginas que había devorado en ese rato. Esta vez retornó al universo de las letras mucho más rápido que cuando había empezado la lectura, y en cosa de minutos se vio a un Fernando dividido en cuerpo y alma: el cuerpo, añejo y sudoroso, atado al sillón, a la casa, a su familia, al trabajo, a la vida que él mismo había elegido y soñado; y el alma volando alto por los vaivenes emocionales del protagonista, sus aventuras y desventuras, su tiempo eterno, su aire inagotable, su fin de semana de días que no pasaban.Fernando estaba tan absorto en su lectura que no se percató de la visita de su hijo menor a su santuario de libros, repisas, sillón y viaje. Un Matías, quién no tendría más de cinco años, miraba a su padre sin entender qué le sucedía, acaso este jugaba a contener la respiración, jugaba a hacerse el muerto, acaso había muerto realmente. Se oyó en la pieza su voz infantil, temblorosa, casi quebrada:

– ¿Papá?… ¿Qué haces?… ¿Estás bien?… ¿Papá?

Fernando se contuvo ante esta segunda misiva del mundo real, el que parecía no tolerar que su gente se fuera a otras dimensiones así como si nada.

– ¡Papá! ¿Qué haces? –dijo Matías, con una voz tanto menos tierna que antes.

– ¿Qué pasa hijo? ¿Que no ves que estoy ocupado? –dijo Fernando, con la voz más elevada de lo que le habría gustado.

– Eh…nada…yo quería…yo quería saludarte. –respondió Matías.

– Está bien hijo, dame un beso y anda a la cama, que ya es tarde –sentenció Fernando.

Su libro lo seducía de vuelta a sus páginas, y si bien no era tan tarde, era hora suficiente como para que el pequeño Matías no armara un escándalo por la orden. Matías no se movió y se quedó observando cómo su padre volvía a leer, y se extrañó que el color de su piel se diluyera a medida que pasaban los segundos. Matías sólo lo miraba, sin entender un ápice de lo que sucedía.Fernando, quien no había podido concentrarse del todo debido a este ente extraño al santuario, que lo perturbaba, se detuvo.

–Matías, ¿no te dije que fueras a la cama? –dijo Fernando.

–Quería saber qué haces –respondió el pequeño.

–Leo Matías, luego podrás hacerlo tú también, cuando te lo enseñen en el colegio.

Matías no respondió, a lo que su padre decidió volver a la lectura. Sentía cómo una droga recorría sus venas, esta historia que lo absorbía y lo abstraía por completo.Matías, en su ingenuidad, dejó pasar algunos minutos antes de volver a hablarle a su papá, mientras lo contemplaba.

– ¿Qué significa “leo”? –dijo el niño, destrozando nuevamente la concentración de su papá.A lo que Fernando ya fastidiado en demasía por las interrupciones le respondió con brusquedad:

–Leo, viene del verbo leer, que es una forma de olvidarse del mundo que suele molestarnos e interrumpirnos (mira de reojo a Matías), y esto se hace tomando un libro y mirando y entendiendo lo que dicen sus palabras. Casi siempre funciona. Ahora por favor, ándate y acuéstate o llamaré a tu mamá.

Fernando dudó sobre si había hecho bien en hablarle así a Matías, pero al ver que este dejaba la habitación se sintió satisfecho y se olvidó del asunto.El niño, quién pareció comprender lo que su padre le quiso decir, lo miró, se detuvo un segundo y salió por la puerta corriendo.

–Por fin. –dijo aliviado.

Contempló desilusionado las escuálidas páginas que había avanzado en esta última hora de lectura y dudó sobre la calidad de la comprensión que había realizado sobre estas mismas. Decidió volver a leerlas, esta ves con mayor determinación que antes. Necesitaba terminar.

–No me importa perder la cabeza gracias a los libros, es tanto mejor que la realidad. –dijo, acordándose del Quijote.

Su mirada se había perdido, su rostro palidecía, Fernando desaparecía de la habitación y se adentraba en dimensiones menos sosas y predecibles. ¡Ojalá no volviera Matías, ni la comida, ni los ruidos de la casa, ni mi malestar estomacal! –pensó. Fernando volaba.

Fernando se balanceaba plácido entre palabras perfectamente colocadas, expresiones perfectamente acabadas, páginas agotadoras y algún respiro. No había tiempo. Alguien podría volver para interrumpirlo. Ebrio de letras, como estaba, no se percató de la nueva llegada de su pequeño visitante, quién afirmaba un colorido libro con su delicada manito y se plantó frente a él.Fernando había alcanzado su ansiado escape, el esperado éxtasis, su única preocupación era qué sería de él cuando su novela terminara. Qué desgracia más horrible, no podía terminar, no podía volver.

Creo que me va a gustar leer. –pensaba Matías mientras contemplaba a su padre maravillado. Había entendido y asimilado las palabras que le había dirigido antes. Olvidar. Molestar. Tomar un libro y entender las palabras que están escritas. Leer y viajar. Vuelo.

– ¡Papá, léeme un cuento! –exclamó varias veces Matías mientras le extendía su libro a Fernando.

– ¡Papá! ¡Papá! –gritó el niño desesperado al ver que su inanimado padre no pretendía volver.
Las frías manos de Fernando cedieron y la novela y su nuevo personaje cayeron estrepitosos a los pies de Matías.

APRENDERÁS SIN MAS

Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender que los besos no son contratos escritos, ni regalos empaquetados, ni promesas al viento. Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia y la sonrisa de un niño y no con la tristeza fría y calculadora de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío. Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado a él, aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarles… aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma…., descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.

Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa qué es lo que tienes, sino a quién tienes en la vida y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.

Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian. Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, sólo por el placer de disfrutar su compañía. Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.

Aprenderás que no importa a dónde llegaste, sino a dónde te diriges y si no lo sabes, cualquier lugar sirve.

Aprenderás que si no controlas tus actos, ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.

Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias.

Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica. Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.

Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho a ser cruel. Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo… No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.

Aprenderás que con la misma severidad con que juzgar, también serás juzgado y en algún momento condenado.

Aprenderás que no importa en cuántos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.

Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores.

Entonces y sólo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que sabias cuando creías que no se podía más.
Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla.
YO SIGO APRENDIENDO DÍA A DÍA.

OTOÑO

El otoño llega despacio,

llega perezoso,

en el deambular

del calendario,

el jardín le recuerda

que debe vestirse

para el invierno,

pero él,

se hace el despistado.

Por la mañana

me asomo a la ventana

para llamarle

pero solo escucho

el eco del verano

ya lejano.

Mi paleta y mis pinceles

siguen esperando en su caja

a que llegue el otoño

para pintar el paisaje

de mi jardín

de esa añorada estación

en que el estallido de colores

colme de luz

el lienzo gris

de un año

que camina hacia su fin,

mientras mi vida

sigue su confuso

devenir.

El otoño llega despacio,

llega perezoso,

sin que el verde

se convierta en amarillo,

rojo, pardo y zaino,

mientras mi cabello negro

se va transformando

en finos surcos argentado

que me recuerdan

que camino

hacia la gélida noche

de la oscuridad eterna.

 

FOTOGRAFIA DE RICARDO MELENDEZ

LABIOS

Hay labios carnosos,

labios finos,

labios dulces como la miel,

labios tristes,

labios buenos, y

hay labios embusteros

que dicen tener veneno

¡esos labios!, fraudulentos

que te roban los sueños.

Poco dura lo bueno.

 

Hay labios marchitos

que lloran en la espera,

del Beso.

Hay labios desgastados,

labios sepultados

por la tristeza

que ya no lanzan besos.

 

Hay labios que se regalan

mezclando sabores de amores

y labios que rastrean el amor

y no consiguen un beso.

POR TI

Por ti me enfrentaría al sufrimiento

al desasosiego, al infierno, a la muerte.

Por ti me enfrentaría a la muerte

usando las penas

como sable mortífero.
Por ti me enfrentaría a la muerte

intentando ser un escudo de fuego

como faro en el océano del desconcierto.

 

Por ti cruzaría océanos,

robándole al viento su aire,

tomando su ímpetu como aliento

para luchar contra el tiempo.

 

Por ti seria estrella fugaz en el cielo.

Por ti seré ese débil cubito

de lagrima congelada

del frio invierno

que pende en el suspiro

de la espera.

 

Por ti cambiaré

para no perderte

en el vuelo

sobre las altas

cordilleras nevadas

de los recuerdos.

 

Por ti yo cambiaré,

porque eres la luz

de  mi sonrisa,

el latido de mi corazón…

 

Porque te amo

yo cambiare.

OASIS

En el horizonte diviso

oasis cubiertos

de rojo, blanco y verde,

tallos de rosas espinosas en el crecen,

que lloran sangre cuando los tocas.

El dulce aroma del jugo

de sus pétalos

lo poso en tu suave cuello;

pedestal frágil,

pero sagrado

que sostiene ese rostro

de piel melocotón

en el que se dibujan

esos carnosos labios

que tantas veces besar

he deseado,

y que otras tantas

he besado con pasión

embravecida bajo el manto

de la ciega furia.

Tan solo de pensar

en rozar tus labios,

una vez mas

aunque sea en la más vil

esquina, como presa fácil

de nuestra pasión,

mi frágil cuerpo

se estremece

ante el recuerdo.

Tus ojos con una hermosura

sin límites, me observan

desde la atalaya

donde se encuentran

como un oasis cubierto

de rojo, blanco, verde.

LA VERDAD

Te veo,

me ves.

Callo,

escucho.

Te escucho

Tu voz,

me alimenta.

Tus miradas,

me atormentan.

Tú,

eres tú.

Siempre tú.

Implacable,

no caes.

Te mantienes.

No,

negación.

Nunca.

El desconcierto,

cobra forma en mi.

Yo.

Me vuelvo loco,

intentando comprender.

¿Qué ocurre?

¿Qué pasa?

No,

otra  negación.

Eso no

La verdad,

quiere escapar,

ser libre.

La verdad.

Palabra compuesta,

de siete letras.

Una de dos.

La otra,

de cinco.

Números.

Simplemente números.

Eso es lo de menos.

El más.

Es único.

Preguntas.

Respuestas.

Preguntas por,

La verdad

 

Contesto,

La verdad

La verdad es.

“ Te quiero ”

“ Querote ”

“ Love you ”

“ Ti amo ”

SUEÑO

 

Sueño con abrazarte,

con besar tus labios

con escalar,

tu monte de Olimpo,

una vez allí

unir nuestras manos

para poder entrar en ti

y ser así,

solo dos, en uno

nada más.

 

Sueño, sueño, sueño

con  abrazarte,

besar tus labios,

acariciar tu piel

para perderme en ella

en la oscuridad

de la noche,

en el silencio

de nuestras palabras.

SIMPLEMENTE

El sol apareció en mi vida,

un resplandor apareció

cuando nuestras miradas

se cruzaron por primera vez

en el andén de la estación.

Esa sonrisa tuya

nerviosa, agitada

que desnude de inmediato,

que cegó mi ego,

sometidos mis sentimientos

a tu ternura,

tu existencia.

Sin premeditación

sin defensa

sin nada que hacer

simplemente sucedió así

un sinfín de emociones

me embriagaron

cuando te vi.

Simplemente

me enamore de ti

Simplemente

me permití sentir

Simplemente

déjame hacerte feliz