ARBOLEDA SONORA

Arde un fuego

en el cuenco

de mis manos.

A veces no sé

qué quiero ni

adónde voy.

Me llevan las vivencias

al capricho del vaivén

de la fortuna.

Mis manos vierten

un caudal de agua

entre tus pechos,

y no sé quién eres

qué quieres ni

adónde me llevas.

Los días se suceden

como suspiros azarosos,

las manos exploran

el viento escondido

en los pliegues de la piel.

Invade la casa

la fragancia de dos

cuerpos sudorosos,

donde,

los minutos son horas,

que tardan años en pasar.

Agarro con las manos

la tierra que un día

he de ver germinar,

y ella me dice

que somos lo que somos

en este peregrinar.

Vamos de tumbo en tumbo

por los mismos lugares,

y de vez en cuando

nos detenemos

en una arboleda sonora

de esta vida nuestra.