FLOR MARCHITA

Cuando la muerte

es flor del aire infinito,

el canto

desliza las horas.

Las vivo

Las toco,

Las acaricio.

Algunas,

a veces,

se secan,

se enferman,

Otras resucitan.

Hay minutos que florecen radiantes,

y no tiene explicación,

es simplemente,

una manera

que no controlo.

Vestidas de púrpura desnudez

en el materno horizonte de la tierra

con los siglos

vienen a sembrar

algunas páginas.

La sangre asola

tallos cimbreantes,

la savia se propaga

de fibra en fibra

y el viento

inclina sin descanso

el crecimiento

silencioso.

DÍAS

Me extravío en días,

con palabras alborotadas,

silencios del paisaje,

solemne,

de los pasos perdidos.

Asomado a tu cuerpo

recojo señales sinuosas

de días grises  venideros.

Pulso de imágenes

derrumbando ilusiones

en vísceras

que roen las horas

del día.

Mis venenos fuera de sitio,

del bullicio de las gentes,

de las luces del bulevar,

de diseño.

Muertes programadas

por bancos,

salud ,

en cápsulas de inodoro.

Duchas de burocracia

invitando

al vómito perpetuo.

Condena del tropiezo

el apremio,

de seguir vivo.

Oculto entre ruidos,

sombras de lo hueco,

disgrego

el culto a las cenizas,

en vocablos

de vejigas pletóricas.

Sudores inhabitados,

Transgrediendo horas anónimas,

donde vivir,

el mañana.

Despierta

al desorden ciudadano.

Diques de aliento

donde reina el tiempo,

la carne vive,

desea el poema.

Nacido en grutas olvidadas,

disperso en multitud de rostros

alumbra la tierra,

encuentro su acento,

erguido,

perforando silencios.

En el centro del asfalto,

rueda el olor de la sangre seca,

ya no huele.

Entre desconocidos

semejantes a sombras inquietas,

curvas movedizas

alejan el correr de los días.

El tiempo

no define lo que no sucede.

A mis ojos,

somos,

aquellos de la brisa

que alimenta el canto.

ESCRIBIR

Se dice, se comenta por ahí, en los cenáculos de forma poligonal que para mirar al interior de uno hay que hacerlo a través del cristal, de los nuevos eruditos del siglo XXI; que la escritura no es más que un ejercicio de soledad.

Lo cual no es para nada una idea novedosa o nueva, pues hace más de mil años que un poeta a si la describió.

“Mi soledad y yo

Yo y mi soledad

En medio de nada

Ni tan siquiera la mar…”

La Escritura, para mí, es un autentico ejercicio de reflexión, de descubrimiento de mi mismo, de libre creatividad, de impulsos, de sentimientos, de vivencias vividas o inventadas, es un ejercicio de libertad, de mi libertad.

Se dice que la soledad del escritor es un acto de amor,- yo más bien creo que es un acto de reflexión y de autocrítica de alguna forma, de autocrítica de la sociedad en que vivimos,- en la soledad de uno mismo se crece en la alegría, en el dolor, en el desencanto, en la esperanza, en la ilusión.

En la soledad se curan las heridas recordamos nuestras batallas las ganadas y las perdidas, en la soledad recreamos vida, vivida y ajena convirtiéndola en una nueva vida no se si más justa o injusta pero una vida al fin y acabo.

En la soledad nunca estas solo, siempre estas acompañado y conversas con el, con el amigo perdido, con el amigo que acaba de llegar a tu vida, con los que has vivido y te han dejado su huella, con los amores perdidos y los hallados en tu camino, con el desconocido que se acerca a pedirte la hora, con tu dios ese gran desconocido y que un dia te acordaste de el por cualquier motivo.

El fin en la soledad, es siempre estar en compañía.

«Como en la escritura

Como con la lectura

Como conmigo

Como contigo…»

Se dicen tantas cosas de la soledad que cada soledad es diferente. Lo mismo que de la escritura y del que escribe